
Denso
Rai Torterola (BRA)- Héctor Ibáñez (CHI)
Performance art
Palacio de tribunales
40 min. aprox.
2019
Denso se presenta como una acción de resistencia a las afueras del Palacio de Tribunales, un poder judicial que alberga Corte Suprema de Justicia de Chile, donde muchas veces se ha discutido sobre problemas de femicidios, como los seis casos de asesinatos en contra de mujeres chilenas hasta la fecha en la que fue realizada esta performance art.
Bajo este contexto local el cuerpo de Rai propone su físico como soporte de mi humanidad en sus hombros resistiendo durante 40 minutos como elemento simbólico de la opresión patriarcal en frente del monumento arquitectónico. La performance duracional no solo es un simbolismo semiótico de las experiencias contemporáneas del yugo machista y misógino que vive Latinoamérica, sino también como ejercicio de vida de la artista brasileña reluciendo una vez el arte-vida propuesto por Joseph Beuys.









Sobre Denso
Bajo un sol imponente el día sábado 12 de Enero del 2019 en Santiago de Chile a eso de las 16:00 hrs proponemos realizar una acción al frente del edificio que alberga la “justicia de las personas”. Sin mucho escándalo publicitario proponemos poner a nuestra disposición nuestros cuerpos a la merced del simbolismo artístico y/o más bien político contingente hasta la fecha. Yo sabía que problemas de parte de la autoridad policiaca no íbamos a tener mayor inconveniente, aún así me hubiese gustado alguna reacción de reprobación. Salte al cuerpo de Rai sin saber cuánto iba a poder aguantar mi peso (60 kg aprox.), eso me lleva a una experiencia performativa importante ya que no sabía cuándo y cómo iba a terminar esta acción de resistencia. La disposición de mi cuerpo al comienzo fue de mero espectador con la mirada inversa sobre el Palacio de Justicia, una vista poética de cómo ver esta arquitectura inversa podría significar la posibilidad de injusticias cometidas contra la mujer de parte de jueces, abogados hombres en cuanto a la apelaciones de casos de femicidios en Chile.
Con el correr de los cinco minutos empecé a concentrar mi energía para reconocer el cuerpo de Rai, sobre todo en la respiración, ya que por muy fácil que se vea que me cargaran, sus hombros oprimían mi pecho lo que me dificulta respirar. Mi concentración para ese momento buscaba coordinarse con la agitación que producía mi compañera, incluso en algunos momentos buscar calmarla con mi respiración sincronizada bajando la intensidad de la suya en algunos momentos. Este acto de compañerismo entre artistas lo veía como una forma de ser consciente de que respiramos lo mismo pero en ritmos diferentes y lo importancia de la ayuda entre pares.
Al cabo de los minutos ya con mi cuerpo más fatigado, tratando de buscar un equilibrio para no caer desde mi soporte humano, fije mi mirada en el cuerpo rojo y sudoroso de Rai. El transe de sentir su cuerpo firmemente aferrándose a su ideal de perdurar esta carga humana que se sitúa como un atosigamiento social. Miraba su fortaleza como mujer, preguntándome para mi si yo era capaz de resistir lo mismo que ella. Su poder mental y profesionalismo a la acción era evidente y digna de admiración de mi parte, sin saber si se iba a desmoronar en cualquier momento preparándome para una caída inesperada. La incertidumbre de la caída volvió a mi cabeza, y a pesar de que muchas veces la vi a punto de perder su resistencia, sacaba fuerzas de la nada para volver a levantarme con mayor fuerza aún.
Sinceramente no estuve muy expectante desde mi posición como artista con respecto exterior, como la gente reaccionaba a la performance. Ya que como mencionaba mi concentración estaba muy conectada con lo que estaba haciendo. Con el correr de los minutos el sol no hacía más que iluminar nuestros cuerpos en la explanada de la plaza, y mostrar nuestros insinuantes personas alrededor de edificios gubernamental inmensos. El escenario era nuestro, el mundo estaba dispuesto para nosotros resistiendo cada uno por separado pero unidos mentalmente.
Las posturas fueron variando de acuerdo a la comodidad de nuestros cuerpos para sentirnos más aliviados, eso mismo hacía que la evolución de la acción iba en movimiento gradual con el cansancio. Había posiciones más cómodas que otras, algunas incómodas para Rai pero más agradable para mi y viceversa, como un juego de encaje de nuestro huesudas humanidades. Así como el sudor actuaba resbalando nuestros físicos y como de poco iba cayendo hacia el suelo, ese fue el momento culmine cuando ya no se podía sostener más la acción y caía lentamente hacia el suelo hasta que Rai dejó de sostenerme por libre opción, su decisión fue voluntaria, ya no mas agobio patriarcal, se despegó de este cuerpo masculino que es impuesto socialmente o quizás las injusticia que tiene que recibir por ser mujer. Sentí la acera caliente que hacía contacto con mi sudorosa piel, cuando veo a Rai alejarse de mí, mientras yo depositado en el suelo sentía como mi pecho fue ahogado por sus hombros, me dolía en la parte del corazón así como cuando vea a mi país cuando sale libre un agresor frente a una denuncia de violencia contra su pareja, pensé que a pesar de la fecha en Chile ya se llevaban seis asesinatos de mujeres a manos de sus parejas densas.
Héctor Ibáñez
4 de Marzo 2019